marzo 09, 2011

Despierta Rivera/2

Una nota anónima anda por las casas de Rivera.
Esta escrito algo de lo que todos saben, pero nadie dice. Se desparraman las fotocopias por todos lados, y se siguen fotocopiando; parece la manera que tiene el pueblo de decir, un poco más alto que en asados o peluquerías, que se da cuenta de lo que pasa, aunque parezca callado y no haga nada.
Así lo dicen todos, sin que se pueda culpar a alguien, o pedirle que pruebe lo que parece evidente, o recordarle que se le hizo un favor, o menospreciarlo por quien es sin hablar de lo que denuncia, o sugerirle que no descuide su trabajo.
Lo dicen todos sin una voz que se anime a decir su nombre, sólo manos repartiendo lo que nadie dice pero lo que todos acuerdan.
Bah, todos. Algunos, bastantes.
Pero esto no sólo pasa cuando se trata de Gutt y sus (¿cuántos años ya?) de esta forma de hacer política. Esto: lo de ser un pueblo que sabe, y se calla la boca, dejando hacer.
¿Qué otras cosas callarás, Rivera? ¿Cuántas más?
¿De cuánta corrupción (y no nada más política), de cuánto maltrato infantil, de cuánta prostitución adolescente, de cuánto trabajo en negro, de cuánta injusticia cotidiana, de cuánta desigualdad social serás cómplice con tu indiferencia, con tu silencio, con tu egoísmo, con tu miedo?
Es la costumbre de gran parte del gran pueblo argentino salud, que se queja sin comprometerse y sin ser ejemplo (alabado sea el chanta, la viveza criolla), impuesta por el no te metás la casa está en orden, entremos al primer mundo siguiendo sus recetas que venden al estado quiebran cooperativas y nos llenan de pobres, y que viva la patria y Perón y Malvinas y el campo y el Che y el gol de Maradona y Tinelli sin contradicción (aunque el Che no tanto), porque somos argentinos los mejores del mundo, el país del futuro que nunca llega (que nunca es hoy) porque siempre algún otro nos caga. Nosotros, argentinos, nada que ver con que las cosas sean como son. Si yo no lo voté.
Y ese miedo a hablar de los que se dan cuenta, de los que les duele, de los que quisieran decir y terminan callados. Miedo hasta de preguntar nomás si las cosas no podrían (no deberían) ser diferentes. Miedo a que te señalen, a que hablen de vos sin vos, a que te miren diferente, a que te esquiven, a que no te escuchen, a que no te entiendan, a que te dejen solo aún diciendo lo que todos saben, como ya más de una vez en nuestro pueblo pasó.
Ojalá, si vamos a pedirle a los políticos que sean honestos, que nosotros también lo seamos. Nosotros todos, cada persona del pueblo.
Y que se pueda decir lo difícil de escuchar, para poder encontrarnos sin la tranquilidad aparente de la sonrisa falsa.
Pero, y también ojalá, no votemos por honestidad. Pensemos, ilusionémonos con proyectos, ideas, planteos, no con caras. Con qué se propone para terminar con la pobreza, para que vuelvan los jóvenes, por decir. Por cuánto importa la cultura, la participación, y cuánto la gestión en el municipio.
Claro que la honestidad será fundamental para creer en las palabras de quienes se animen a firmar lo que escriban, lo que prometan, lo que esperan, lo que no deberían callar; aunque el pueblo no acompañe y siga quieto.

febrero 10, 2011

Palabras que se olvidan

¿Para qué se hablan todas esas personas si no van a decir nada que les parta la cabeza?
Buenos días, ¿cómo le va señor?, ¿vió que calor hace hoy?
Se hablan tan seguros de que nionguna palabra cambiará el rumbo de sus pasos, de sus días.
Por eso hablan y siguen, sin demasiados recuerdos que guardar.
Por eso se indignan con causas triviales, por eso comentan la vida de los demás, por eso ocupan su mente con las tareas del día, por eso prenden la tele; para no preguntarse demasiado.
Las pasiones quedan quietas, como si fueran las dos de la tarde y el sol calentara el asfalto y todos durmieran la siesta.
¿Alguien se animará a sentir en este pueblo?

febrero 09, 2011

La educación de los nadies/6

Walter Benjamin decía que el principal desafío de la educación es que Auschwitz no se repita. Nunca más, repetimos acá, en Argentina.
Es que, ¿cuesta imaginar a cualquier vecino volviendo a decir algo habrán hecho? Porque a mi mamá no le cuesta, y me pide que no vaya a las marchas porque tiene miedo. A las marchas del nunca más. ¿Nunca más qué?
A las marchas por un trabajo digno, en las que te puede matar el sindicato que dice representarte. Y no pasa nada.
¿A qué escuelas fueron los policías que queman pibes en las comisarías pampeanas? Y nadie se ofende.
La gente llora con la telenovela, se asusta con el noticiero, y le cierra la puerta al nenito que anda vendiendo condimentos, en vez de jugando.
Si la escuela no tiene como objetivo enseñar que la vida de todos vale y que no hay justicia cuando algunos no tiene la posibilidad de ser libres, entonces, ¿quién va a educar a nuestra sociedad? ¿Los vendedores de ilusión?
Formar educadores no es enseñar a mantener el orden mientras el profesor desarrolla la historia de Egipto. Preguntémonos si sirve; rompamos el ideal del maestro en el aula monologando sobre la importancia del número tres.
La escuela puede ser el lugar común donde aprender a descubrirnos, a traspasar límites con la imaginación, a dudar de las respuestas correctas, a crear otros mundos posibles; en vez del espacio de la resignación, del estudiar por obligación, de zafar, de esperar al recreo, de odiar al profesor, de convencernos de nuestra incapacidad.
Y la universidad no puede ser diferente a la escuela que buscamos.

La educación de los nadies/5

-Van a morir democráticamente
No hay democracia sin voces. Y nos educaron para mantener silencio, asentir callados, dejar que otros decidan por nosotros. Podemos quejarnos, si algo se vuelve insoportable y evidente. Pero la escasa participación que motiva el gobierno universitario es tan normal que no llama la atención. ¿Estará todo resuelto?
La tranquila indiferencia no indica que todo ande bien… ¿qué pasa que no interesa la política universitaria? ¿Falta información? ¿Los temas tratados son aburridos trámites? ¿No hay propuestas que inspiren emoción? ¿Los papeles en orden, nada que hacer? ¿Delegar en representantes implica desentenderse?
La política no puede ser mala palabra en nuestros pasillos. Si este lugar que pisamos durante años no se vuelve parte de nuestra identidad, y si el tiempo que estamos lo pasamos sin encontrarnos a charlar sobre lo que compartimos; entonces la política, que es mirarnos y construir juntos el lugar que compartimos, pierde su validez.
El peligro no está en lo que podría ser y no es, sino en educadores que poco comprometidos con lo que les rodea, ocupen cargos por el sueldo recibido y den paso libre a los valores impuestos por el mercado, por una dictadura o por lo que sea.
Las relaciones de poder, sin embargo, no se reducen al consejo superior. En la forma de llevar adelante las clases, en la definición de los contenidos, en la asistencia obligatoria; en detalles de lo cotidiano se hace presente lo democrático y lo antidemocrático, lo que busca expresiones y lo que censura, lo que abre y lo que impone, lo que lleva a decidir y lo que obliga a obedecer.
Si hay democracia, no hay nadies.

La educación de los nadies/4

-El claustro universitario
La universidad espera con sus puertas abiertas a todos los que deseen y puedan entrar. Pero permanece inmóvil.
La universidad pública es ajena a la sociedad. Falta en las calles, falta en los barrios, falta en las escuelas.
Encierra a los profesionales del mañana entre paredes, y los larga después a un mundo que miran por primera vez.
El estarse formando es una excusa: ¿acaso no somos parte hoy de nuestros pueblos?
Nuestras mentes no piensan las problemáticas de nuestra sociedad. ¿No nos corresponde?

La educación de los nadies/3

-Vos que sos buen compañero, ¿me pasás la tarea?
Separados en cajas; así estábamos los estudiantes en un dibujito de una clase de la negra Moreno que no paro de citar.
No hay neutralidad en la individualización de la comunidad educativa: personas que no se conocen, que no comparten, que no se encuentran en proyectos, lugares e identidades comunes son deseo de un sistema que sobrevive sembrando desconfianza y miedo.
Nosotros, que no somos tantos y venimos de pueblos, rompemos rápido los silencios incómodos, bien predispuestos a charlar con la gente que nos cruzamos todos los días. Pero la estructura universitaria no tiene como objetivo poder mirarnos, y descubrirnos.
Los parciales y finales van desechando compañeros, uno avanza dejando o quedando atrás en un recorrido que se atraviesa en soledad.
La competencia está latente en un sistema de notas que permite a los “mejores” acceder a mayores oportunidades laborales.
Los grupos se desarman, lo colectivo no interesa: no hay preocupación por la integración, por las relaciones grupales, por generar momentos de diálogo, por construir proyectos y experiencias en conjunto. Lo que pase entre estudiantes es lo que ellos mismos puedan lograr, a la universidad le es indiferente.
Y así aislados, los sueños se agotan y las ideas se pudren dentro de las cabezas, sin que nadie sepa de ellas.

La educación de los nadies/2

-Trabajo práctico Nº1: Dictado
Una decisión fundamental se dio en la UNLPam al incorporar espacios de práctica en todos los años de las carreras docentes.
No hay posibilidad de entender lo educativo sin educar. La realidad, llena de malas palabras y con pocas intenciones pedagógicas, espanta a los académicos acostumbrados a tratar con fotocopias de grandes autores.
El respeto por lo teórico es exagerado. Pasar noches encerrados en una pieza, tomando mate y subrayando hojas, no tiene una relación directa con los desafíos de la práctica docente o la investigación educativa. ¿Nos preparamos para educar niños alejándonos de ellos?
No sé los fundamentos del temor al contacto con lo real: si es por tradición; por pretensión de un acercamiento rosa, perfecto y controlado; por desconfianza a estos jovencitos sin títulos; por miedo a que la realidad rompa todos los esquemas y métodos alabados y nos haga replantear mundos que los profesores daban por hechos.
Lo cierto es que formarnos en la pura abstracción no ayuda mucho a saber de qué estamos hablando, ni a entender para qué sirve lo que estudiamos, ni a lograr que nuestras acciones y actitudes sean coherentes con lo que pensamos.
Por eso Práctica es fundamental. Y por eso, es importante construir un espacio que no se vuelva irrelevante.